Tarragona es, ante todo, una ciudad del Mediterráneo que mira al Mediterráneo. La construcción de la cuidad se inició en el año 218 a.C., cuando llegaron los romanos. Con el tiempo se convirtió en la capital de una amplia provincia romana, la Hispania Citerior, que abarcaba más de la mitad de la Península Ibérica. Este período ha dejado una herencia de incalculable valor que todavía hoy podemos sentir a través de los monumentos más emblemáticos que se conservan y de los muchos restos arquitectónicos que podemos encontrar paseando por la ciudad. Entre ellos destacan el Circo romano, el Anfiteatro, la Necrópolis Paleocristiana, el Pretorio, el Fórum y el Paseo Arqueológico. Imprescindible resulta una visita al Museo Nacional Arqueológico de Tarragona donde se encuentra un rico conjunto de esculturas, mosaicos y material de la cultura de Tarraco. En las afueras de la ciudad se encuentran impresionantes muestras de la ingeniería romana como son el Acueducto romano de las Ferreres y la Cantera romana del Mèdol.



